Mis Relatos

Sin luz

Cuan finas y sonoras se duermen las gotas de lluvia en mi mirada, arrastrando sueños postergados en lo más recóndito de mis entrañas. Apacible y serena se despierta la mañana dando luz a mi visión opaca, mis ojos, que no ven sino es a través del sonido de tu voz, te reclaman y te buscan guiados por el dictamen del olfato, ese aroma a rosas frescas recién segadas de su tallo verde, seduce y gobierna mi caído ánimo. Si pudiera verte, y me refiero a verte, a través de la pupila de mis ojos, tal vez me volvería a enamorar de ti, tal vez ya no volvería a necesitar tu voz para ver, ni tu fragancia para  ser, tal vez ya no quiera volver a ver.

Diego Salas   28-04-2017

Una Brizna de paja

Sinopsis: A veces las cosas no son lo que parecen pero, el amor es siempre un momento de compartir.

Una briza de paja

   ¡Al fin llueve! Nada esperaba con más ilusión, estoy sentado, desde la parte cálida del cristal se aprecian las gotas, atraídas entre sí forman pequeños cauces que  surcan la superficie plana del exterior. Consigo avispar la mirada absorta del cristal para contrastar el volumen de agua que está cayendo, las gotas, que son muchas y notables, forman una espesa cortina que refresca la vista y levanta el ánimo. Ahora sí, el otoño hace honor a su tradición, las primeras lluvias nos visitan, hacen del verano un recuerdo.

   “Son las seis de la mañana, los primeros rayos de sol afloran tras las cimas montañosas, rompiendo la oscuridad que nos acompaña, ella y yo, abrazados en silencio, con la única ilusión de saborear el momento, disfrutar juntos del maravilloso espectáculo: un precioso amanecer de verano, y el sabor de una brizna de paja en la boca.

Diego Salas   25-10-2016

Ese Relato

Ese relato

   No, podía haber sido, pero no. Hoy no me pongo a escribir para compartir mi mejor relato, hoy me pongo a escribir para transmitiros una pequeña anécdota, bueno, en realidad es mi gran anécdota.

   Anoche me fui a la cama, como cualquier día, con la única intención de dormir unas horas, y relajar tanto mi mente como mi cuerpo, para afrontar de la mejor manera el exigente día de mañana, o sea hoy. No había terminado de caer en el blando colchón, cuando mi mente, sin avisar previamente, comienza a redactar sobre un papel en blanco una historia inimaginable, mis dedos plasmaban lo que iban recibiendo, la historia era perfecta, puntos, comas, signos de exclamación, guiones, las palabras brotaban solas, la historia seguía siendo perfecta. No podía parar, no quería parar, si me levantaba para tomar notas reales, corría el riesgo de perder esa historia perfecta, así que decidí continuar en mi papel imaginario, todo parecía perfecto, estaba emocionado, por fin había encontrado la historia perfecta, por fin escribía como los escritores de verdad, por fin era un buen escritor.

  Os tengo que decir que al final me dormí, por supuesto, hoy no me acuerdo de nada, no sé ni el tema de mi gran relato.

  Lo siento, hoy no puedo compartirlo, pero, no os preocupéis, tan pronto me venga la inspiración os la paso.

Diego Salas  06-07-2016

El tren

   Sentado en un banco de la estación, esperando el tren de las once de la noche procedente de Madrid, los arcenes son ríos de gente que se cruzan, se miran, pero no se ven, cada uno tiene su propio destino aunque tenga el mismo tren. Me siento aislado y ausente, nadie hace cuentas de mí, soy una maleta olvidada. Entre el tumulto de la gente observo junto a la puerta de salida un señor mayor, bastante mayor, descansando sobre un largo y colorido abrigo.

   Son las 10:55 se escucha el silbato de un viejo tren que se deja entrever en la más espesa niebla que forma el vapor expulsado por su enorme chimenea. Es increíble lo que mis ojos pueden ver a través del humo, froto mis ojos para ratificar lo que se supone que estoy viendo, sí, son los Reyes Magos que saludan desde las ventanas del último vagón. Todo pasa muy deprisa, el tren comienza su salida, Santa Claus ocupa el sitio de los Reyes Magos, la locomotora se aleja, y, con él toda la niebla, dejando un enorme vacío, el abrigo colorido del anciano no calienta a nadie, se desvanece en mi mirada.

  De pronto escucho unas voces, ¡papá! ¡despierta! ¡despierta papá! Son mis tres hijos que han llegado en el tren de las once procedente de Madrid.

Diego Salas  11-11-2015

A %d blogueros les gusta esto: